Ricardo Blázquez bendecirá la nueva iglesia de La Flecha

Moderna equipación en la nueva iglesia de La Flecha. /Jota de la Fuente
Moderna equipación en la nueva iglesia de La Flecha. / Jota de la Fuente

Bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, se trata de la inversión de mayor coste del arzobispado de Valladolid en los últimos años -2.250.000 euros-

Jota De la Fuente
JOTA DE LA FUENTEArroyo de la Encomienda

El cardenal y arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, oficiará y presidirá el próximo día 18 de marzo, domingo, a las 18:00 horas, la ceremonia de bendición de la nueva parroquia e iglesia de La Flecha, en Arroyo de la Encomienda, bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes. Desde ese momento comenzará su labor pastoral, bajo la responsabilidad del actual párroco de La Flecha, Jesús García Gallo. Presumiblemente asistirá también a la ceremonia el arzobispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, dato pendiente de imprevistos y agendas de ambos prelados.

La iglesia parroquial de La Flecha se ubica en la calle Cuchilleros, y se levanta en el solar que resultó diáfano tras la demolición del antiguo frontón municipal de Arroyo. El proyecto es obra del arquitecto Elesio Gatón Gómez.

Mayor inversión del arzobispado

Se trata de un moderno edificio, contemporáneo, amplio y luminoso, que acogerá toda la vida y actividad religiosa del barrio más grande de Arroyo. Es la inversión más importante y reciente del arzobispado de Valladolid en los últimos años. La obra del nuevo edificio, ubicado junto al ayuntamiento y aledaño al centro de salud, en la plaza de España de La Flecha, ha costado 2.250.000 euros. La significancia de la inversión es evidente teniendo en consideración que el presupuesto del arzobispado en los dos últimos años fue de 5.795.000 y 7.388.300 euros, respectivamente. El nuevo templo de Arroyo contó en el pasado ejercicio con una partida de 500.000 euros, que se completará con la presupuestada en el presente año hasta sumar los 2.250.000 euros que cuesta

El complejo parroquial está constituido del templo, los locales parroquiales y una casa parroquial, formado por dos edificios. Uno de ellos alberga el templo y «el cubo» acoge los locales parroquiales, que albergan seis salas y un despacho en dos plantas, unidas por un patio al aire libre que conecta ambos edificios. El edificio parroquial tiene dos plantas. En la superior está la casa parroquial en la que residirá Jesús García Gallo, así como dos salas de reuniones y actividades. En la planta baja tiene cinco salas, unos baños y un despacho parroquial. En el sótano van las máquinas, el grupo contraincendios, el grupo electrógenos, la caldera y almacenes para material, que no serán de uso público, exenta de actividad pastoral. «Por ejemplo, allí estarán los alimentos de Cáritas, pero allí no atenderemos a las personas», explica don Jesús.

El edificio presenta una superficie construida de 1.250 metros cuadrados, de los que la iglesia ocupa 714, distribuidos en 614 del templo y 100 del soportal. La zona de servicios de la iglesia ocupa 529 metros cuadrados, de los que 70 son del sótano destinado a centro parroquial, 229 a aulas y despachos parroquiales de la planta baja, mientras que en la primera planta se rematará la vivienda parroquial, que tendrá 122 metros de superficie, junto con otros 107 destinados a aulas y despachos.

Aforo de casi mil personas

El aforo máximo del edificio está estimado en 833 personas. La iglesia dispondrá de 44 asientos colectivos o bancos para comodidad de 295 personas, que son las que podrán permanecer sentadas en la iglesia. 340 más podrán permanecer de pie, para hacer un total de 681 personas cómodamente asistiendo a la liturgia en la propia iglesia. La capilla, más pequeña, tendrá cabida para 44 personas sentadas.

Un crucificado del siglo XIII, gótico, presidirá el altar, procedente del almacén diocesano, tras recibir un minucioso proceso de restauración. Se trata de una obra de arte popular y muy interesante, recogida hace 60 años en una iglesia de un pueblo que se quedó sin habitantes. Junto a esta obra, llegarán dos más nuevas a la iglesia de La Flecha con valor histórico, un sagrario del siglo XVI, clásico renacentista, tamaño medio, con escultura, así como una pieza del segundo tercio del siglo XVI, una imagen de la Virgen. Todas proceden del almacén diocesano, que es de dónde se nutre el museo diocesano de la catedral de Valladolid. También llegará una pila bautismal del siglo XV, procedente de una donación de un particular, recogida por un señor tras adquirirla procedente de una desamortización y «ha tenido a bien cedérnosla, lo cual es de agradecer, porque son piezas muy preciadas», explica García Gallo, «y calculo que ha sido utilizada en dos momentos históricos importantes, en el siglo XV y posteriormente en el siglo XIX».

El resto de obras que existían en la antigua parroquia de La Flecha se recogen, pero no todas estarán presentes en el nuevo templo. Estarán expuestas al público las que son objeto de culto, San Antonio, la patrona de los jubilados -La Inmaculada- y Santa Águeda, encajadas y acomodadas en la estética del edificio. Habrá piezas nuevas, una intervención de un mural de siete metros cuadrados -el abrazo del hijo pródigo junto al confesionario-, obra del arquitecto y colaborador de El Norte de Castilla Santiago Bellido, profesor de dibujo en la Universidad Europea Miguel de Cervantes, una advocación bautismal, y un vía Crucis dibujado, todas ellas modernistas.

Escultura en piedra de Nuestra Señora de Lourdes

En el exterior del templo, al aire libre, existe un patio ajardinado y con césped, donde hay una cripta o pequeña cueva de piedra en la que se alojará una escultura de la Virgen de Lourdes, con la intención de crear un espacio de culto que pueda ser observado desde el exterior sin que el templo esté abierto, y que pueda ser un espacio al uso para feligreses, rezo del Rosario y actividades con niños. La pieza es una duplicación por sistema tridimensional, realizada a escala de una pieza original tras su escaneo. «Podríamos decir que la autoría viene de la moderna tecnología», explica el párroco de La Flecha. Está hecha del mismo material del ambón y el altar. Se trata de un mármol artificial de material resinoso. En la entrada al complejo existe un campanario con una escala completa de siete notas musicales, una por campana.

Los horarios de los cultos serán públicos en breve y aún no son definitivos. «La tendencia será a retrasar los actuales. Los domingos vamos a pensar en horario de verano, en torno a las 12:30 o 13:00 horas, aunque decidirá el Consejo Parroquial, y la misa diaria no será a las seis de la tarde. Será a las 19:00 ó 20:00 horas como pronto, coordinados con otras parroquias», según razona García Gallo. Desde abril, toda la actividad parroquial, sobre todo con los niños, se realizará en la nueva iglesia.

El edificio de la antigua sede dejará de prestar culto y actividad pastoral y se cerrará. El ayuntamiento de Arroyo ha manifestado su interés en el espacio, junto a las escuelas municipales de la calle Eduardo Torres, y podría prestar servicio municipal con una infraestructura de destacada cabida.

El Domingo de Ramos y la Semana Santa se celebrará en La Flecha en su nuevo templo, así como todas las ceremonias de primera Comunión de mayo y junio, con su carácter festivo y participativo, que culminará con la celebración del Corpus.

Colaboración de los fieles y feligreses

La nueva iglesia de La Flecha es la obra de más fuste, entidad y coste de la estancia de Ricardo Blázquez en Valladolid. El nuevo párroco de La Flecha, responsable de la labor pastoral en el municipio, apenas lleva cinco meses en La Flecha. Jesús García Gallo llegó en septiembre de 2017 por mandato del arzobispo. Anteriormente estuvo de párroco en Nava del Rey, La Overuela, Cogeces del Monte y Tordesillas. Actualmente es Delegado de Patrimonio y anteriormente fue el responsable durante 14 años de Cáritas Diocesana de Valladolid.

«Estoy muy agradecido a la colaboración de los parroquianos, el acogimiento y de la cercanía de las personas desde que he llegado a La Flecha. Están muy bien coordinados a nivel de catequesis y hay gente que funciona muy bien. Detecto que hay un problema para realizar labor de tejido social y convivencia, no de la parroquia, sino más bien de la estructura del municipio, fruto de la procedencia de los nuevos vecinos y la dispersión de edificios y barrios», resume Jesús García Gallo tras casi medio año de destino en Arroyo.

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