La Flecha estrena su nueva iglesia tras dos años de obras y más de 2,2 millones de inversión

Momentos previos a la consagración en la nueva iglesia de La Flecha. /Jota de la Fuente
Momentos previos a la consagración en la nueva iglesia de La Flecha. / Jota de la Fuente

El templo, bajo la advocación a Nuestra Señora de Lourdes y bendecido por el Cardenal Ricardo Blázquez, es el primero que inaugura la Diócesis de Valladolid desde 2009

Jota De la Fuente
JOTA DE LA FUENTEArroyo de la Encomienda

Los fieles y feligreses de La Flecha, el mayor barrio de Arroyo de la Encomienda, guardarán la fecha de ayer como destacada en su recuerdo, sobre todos quienes acudieron a la inauguración de la nueva iglesia del municipio, un templo de arquitectura moderna que tendrá la advocación de Nuestra Señora de Lourdes. El templo está ubicado junto a la Plaza España, en la calle Cuchilleros, anexa al centro de salud.

Tampoco olvidará el Cardenal Ricardo Blázquez la tarde del quinto domingo de Cuaresma de este 2018, por disfrutar, lleno de orgullo y satisfacción, de la inauguración de la mayor inversión de los últimos años de la Diócesis de Valladolid, con un proyecto que ha tenido un coste de 2.250.000 euros, obra del arquitecto Elesio Gatón, presente en el acto religioso de ayer, al igual que el decorador del templo y autor de varios grabados, Santiago Bellido.

El párroco de La Flecha, Jesús García Gallo, había preparado la ceremonia cuidando los detalles, haciendo partícipes a sus fieles, que llenaron la nueva iglesia una vez se abrieron sus puertas pasadas las seis de la tarde por primera vez. Una procesión trasladó las imágenes de San Antonio de Padua y de la Inmaculada Concepción desde la antigua ubicación de la parroquia flechense a su nuevo templo. Cientos de fieles llenaron todos los bancos y pasillos del templo de inmediato, asistiendo a una ceremonia emotiva. Concelebraron quince sacerdotes junto a Blázquez, cuatro diáconos entre ellos, en presencia de Jesús Julio Carnero, presidente de la Diputación de Valladolid, José Manuel Barrio, alcalde de Arroyo, y la mayoría de concejales del municipio. Cantó la coral Támbara durante los momentos más significativos de la ceremonia de bendición.

Poco a poco se fueron sucediendo los símbolos y ritos, cargados de significado, de la bendición de una iglesia católica y cristiana. Hubo incienso como signo de pureza, tras la celebración de la Palabra dos fieles limpiaron y vistieron el altar por primera vez, encendieron las velas y los cirios, adornaron con la decoración floral, se realizaron las ofrendas, continuando la eucaristía con la consagración y comunión, para finalizar con el canto de la Salve a la imagen de la virgen del siglo XVI que preside el altar mayor junto al crucificado gótico del siglo XIII, gótico. El sagrario es una pieza de gran valor, renacentista, del siglo XVI. Destaca la pila bautismal, procedente de una donación de un particular y original del siglo XV. El edificio comprende la iglesia y los locales parroquiales, así como la vivienda del párroco, unidos por un patio en el que está la cripta de Nuestra Señora de Lourdes. Tiene una superficie construida de 1.250 metros cuadrados, y su aforo máximo es de 833 personas.

El Cardenal Ricardo Blázquez comenzó la homilía hablando de «alegría, en una celebración rica y elocuente», para definir la inauguración del templo «de un barrio nuevo como el lugar en el que podréis reuniros holgadamente en torno a la fe como cristianos».

Blázquez recordó la proximidad de la Semana Santa y la celebración de los misterios de la Pasión que culminarán con la Resurrección. Señaló que «la iglesia debe estar abierta a todos», utilizando el ejemplo de la lectura del Evangelio de ayer, cuando unos griegos, de los que se llamaban temerosos de Dios y adherentes a la religión judía, llegaron a Jerusalén para celebrar la Pascua y pidieron a uno de sus discípulos que querían ver a Jesús. «Queremos ver al señor y encontrarnos», ese fue el deseo de Blázquez para los presentes. Tras hablar del sentido de la «elevación de Jesús», en la Cruz y en la glorificación de la ascensión, definió el nuevo templo como «una tienda hermosa en la que el Señor se hace habitante con vosotros. Las obras grandes se hacen uniendo manos y corazones. Si nos distanciamos y dividimos solo transmitimos la discordia día y noche. Seamos familia de Dios», concluyó.

 

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