Bicicleta para aprender y divertirse

Logo del Club Ciclista Arroyo. /Jota de la Fuente
Logo del Club Ciclista Arroyo. / Jota de la Fuente

El Club Ciclista Arroyo de la Encomienda camina y crece de la mano de Juan Carlos Domínguez. Cuenta con una escuela con 30 ciclistas y con un equipo cadete con el máximo posible: 16

El ciclismo de base nunca le fue extraño a Juan Carlos Domínguez, aunque mientras era profesional en activo nadie podía presagiar que su futuro tuviera que ver con él. Aunque relacionado con la formación a través de actos a los que era invitado por su estatus, lo vivía un tanto ajeno. Hasta que, en 2007, un año después de retirarse, emprendió una aventura de la que todavía forma parte, llamada Club Ciclista Arroyo de la Encomienda, que partió con la idea de fomentar la práctica del ciclismo a través de valores como el compañerismo, la constancia o la amistad, dentro de un sistema de formación integral «a nivel deportivo y humano», tal y como refleja su página web.

El club se significa como lo que es, una escuela municipal, incluyendo el nombre completo de su localidad de origen. Como en las equipaciones, el logo luce el rojo como color identificativo de la localidad. El diseño responde a la búsqueda de la modernidad y parece dibujar una ‘A’ con forma de ciclista. En esa línea de modernidad, las dos iniciales primeras del nombre del club aparecen simulando a la vez las dos ruedas de la bicicleta, elemento sin el cual no tendría sentido.

«Hoy en día muchos jóvenes se creen autosuficientes y desaprovechan las experiencias vividas por los mayores. Esto suele llevarles a no escuchar y a cometer errores propios de una persona inmadura. Por eso, el deporte, como el ciclismo, ayuda a transmitir a los niños muchos valores que hoy se están perdiendo», continúa la que es su carta de presentación en Red, unas palabras que parecen ser dichas por el propio Juan Carlos Domínguez, dado que el exciclista concede una gran importancia a términos antes señalados como el compañerismo o el sacrificio. «Aprenden incluso a ser amigos de los rivales, porque la unión es importante; sin ella ni siquiera el que sea bueno muchas veces gana», expone.

El club cuenta con una escuela, con 30 inscritos, y con un equipo de categoría cadete, con 16. En los dos casos el número es cerrado, en el primero de ellos por convicción, ya que de esa forma el trato que se ofrece es más individualizado. «Un año tuvimos más y no hicimos el trabajo como hubiera querido. Con esta cifra Óscar Reinoso –con quien lleva a cabo los entrenamientos– y yo estamos más cómodos», razón por la cual esta misma temporada Domínguez invitó a interesados a unirse a la escuela a formar parte de otras de la provincial. También, porque de ese modo se fomenta un mayor equilibrio, puesto que no es de su agrado ir a competir y que casi lo hagan sus ciclistas entre sí.

El componente de la escuela es incluso lúdico: su finalidad última es que los pequeños ciclistas cojan el gusto a la bicicleta y continúen lo más posible montados sobre ella. Por eso, los resultados están en un segundo plano que a veces cuesta que algún padre entienda. Además, el objetivo no siempre se cumple, por desgracia. Hay chicos que a la postre abandonan, bien porque su entrada fue por más bien porque el entorno le empujó –siempre en un buen sentido– o por otras cosas que, en todo caso, no impiden que Juan Carlos Domínguez lo acepte como una derrota. «El objetivo que le planteo siempre a las familias es ese, pero siempre va a haber a quien no le guste, y entonces yo siempre pienso que quizá es porque yo he podido fallar no haciéndolo del todo divertido, aunque hay que aceptar que así pueda a ser. En cadetes ya cambian los objetivos», reconoce.

En este eslabón, al que llegan con quince años, sí se busca algo más, aunque no tanto el resultado como que el trabajo se palpe más. Ya corren fuera de circuitos, hasta 60 kilómetros y con coches detrás, por lo que aprenden sobre cosas como abanicos o los relevos, cómo sacar máximo rendimiento a su postura sobre la bicicleta... Ahí sí puede ser más palpable la falta de trabajo.

Objetivos para la temporada

Dentro del especial hincapié que se hace a la formación, en el Club Ciclista Arroyo de la Encomienda no desdeña los resultados, puesto que el factor competicional es un aliciente o una señal de que algo se está haciendo bien. Así, para este 2018 hay varios objetivos a los que quieren atender, que pasan sobre todo por los Campeonatos de Castilla y León y de España en las categorías más altas, la de infantiles y la cadete.

En la primera de ellas, Estela Domínguez podría ser una baza a jugar en los novedosos nacionales. De hecho, la planificación va dirigida hacia un pico de forma mayor en el mes de junio en todos los casos. «Con los infantiles es algo goloso, y si nos vemos con opciones, como con Iván Romero el año pasado, lo intentaremos haciendo un mayor esfuerzo, aunque no pensamos solo en eso, sino también en que todos crezcan», explica el director de la escuela municipal.

En el caso de los mayores, antes de nada «deberán ‘andar’ bien» si quieren ser seleccionados para el Campeonato de España, que será una semana después del regional. «Tenemos calidad. El equipo se está haciendo cada vez más fuerte», cree un Juan Carlos Domínguez que no rechaza otras pruebas como las de pista o BTT, aunque no estén en el primer plano de prioridades. «Pero siempre hay alguien que durante la temporada ha estado enfermo y que llega bien», reflexiona, a la vez que explica que de nuevo y como el año pasado el equipo correrá en el norte alguna vuelta, en las que la intención será «dar una buena imagen de equipo». Porque, para él, la bicicleta es entretenimiento y diversión, pero, en esas etapas, también sacrificio y honor, tanto a sus colores como al deporte. Para él, «desde el kilómetro cero» hay que demostrar aquellos valores que el club promueve desde la escuela y no «despreciar ninguna carrera». Porque disfrutar de la bicicleta es también eso, aprender y trabajar para crecer.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos